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La paradoja del ¿Qué hacer? y el ¿Cómo hacer?




En mi experiencia como consultor y coach, siempre ha estado presente esta gran inconsistencia, no siempre nuestras aspiraciones traducidas a proyectos fueron adecuadamente implementados en la realidad.

A decir verdad, pocas veces arribamos a los resultados esperados de muy bien concebidos planes, objetivos y tareas. El qué hacer y el como hacer se convoca a diferentes universos de nuestro SER. El primero se anida en lo que pensamos y el segundo claramente en lo que hacemos. Entonces queda claro, no siempre hacemos lo que pensamos y ello tiene una explicación que va más allá de la técnica, el hacer se vincula con rasgos constitutivos del SER basados en emociones y corporalidades educadas en el ámbito de la acción.

Cuando, por ejemplo, nos proponemos una idea y esta se ajusta a nuestros deseos e ilusiones, biológicamente se produce en nuestro SER toda una suerte de energía que se traduce en una actitud de entusiasmo, un estado de ánimo abierto a las posibilidades, buen humor y en nuestros pensamientos un futuro de lo que esperamos tremendamente prometedor y esperanzador. Estamos ciertamente contentos, motivados y vemos en la idea (¿Qué hacer?) la gran solución a nuestras vidas en el presente futuro que se avecina.

En esta etapa damos rienda suelta a la planificación, vislumbramos al equipo que nos acompañará y definimos los recursos que se prevén en la primera etapa. Hasta ahí todo muy bien, pero conforme comienza a implementarse surgen los inevitables obstáculos que comienzan a horadar el impulso del primer momento. Ahora ya no solo pensamos lo que queremos, en esta etapa debemos comenzar a hacer realidad lo que pensamos en el inicio

y aquí es otro espacio del SER que comienza a cobrar definitivo protagonismo. Veamos, en el proceso del hacer efectivo, surgen inevitablemente dificultades y obstáculos que alteran nuestras expectativas. Quiebres frente a los cuales no siempre tenemos la adecuada formación para enfrentarlos y claramente superarlos. Aquí, cuando hablamos de formación no estamos haciendo referencia a procesos formales de instrucción otorgados por la escuela tradicional. La capacidad de soportar y superar frustraciones requiere de una habilidad que solo se puede obtener despues de haber tenido la experiencia recurrente a la frustración, es decir, fracasar y haber tenido luego el coraje y el tesón emocional para superarlo da cuenta del ¨cómo hacer*. LLegar al final requiere de todo un conjunto de emociones como la perseverancia, la templanza, el tesón, la alegría, la esperanza, el optimismo y la actitud mental positiva, habilidades que debemos hacer recurrentes para que esta paradoja entre el qué hacer y el cómo hacer se vuelvan una sola distinción que nos permita recorrer todos los recovecos en que se fundamentan nuestros anhelos y proyectos.

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